𝗘𝗹 𝗹𝗲𝗴𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗥𝗶𝗰𝗮𝗿𝗱𝗼 𝗗𝗼𝗹𝗼𝗿𝗶𝗲𝗿
𝘗𝘰𝘳 𝘐𝘴𝘢𝘢𝘤 𝘝𝘢𝘭𝘦𝘳
La trayectoria del Dr. Ricardo Dolorier es vasta y abarca muchos aspectos: desde la música hasta la educación. Conocido por ser autor de la canción 𝗙𝗹𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝘁𝗮𝗺𝗮, quizás muy pocos conocen su labor como maestro, como amauta. De esa labor, menos celebrada pero no menos valiosa, quiere ocuparse esta semblanza.
Ricardo Dolorier nació en Huanta en 1934. Hijo de padre huancavelicano y madre huantina, estudió en la institución educativa emblemática Ricardo González Vigil y cursó estudios superiores en la Universidad Nacional de Educación «Enrique Guzmán y Valle» – La Cantuta. En esa misma casa de estudios fue profesor de literatura y llegó a ser decano de la Facultad de Lenguas, Literatura y Arte, así como Director Universitario de Bienestar Universitario. Pero fue durante las décadas turbulentas de los sesenta y setenta cuando emprendió el trabajo que hoy nos convoca: la construcción del Método Dolorier.
Conviene detenerse en esos años, porque lo que ocurría entonces en el mundo académico ilumina la magnitud de lo que ocurría aquí en Huanta. En 1964, Kenneth Goodman advertía en los Estados Unidos que los lectores entonados solían comprender mejor lo que leían; sin embargo, era todavía una intuición, sin respaldo experimental que la sostuviera.
Mientras esa intuición apenas se insinuaba en los Estados Unidos, en Huanta teníamos a Ricardo Dolorier. Ante las dificultades económicas causadas por los problemas políticos de la época, y movido por su preocupación por la educación, comenzó a formular el 𝗠𝗲́𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗗𝗼𝗹𝗼𝗿𝗶𝗲𝗿: un método de enseñanza de la lectura en apariencia sencillo, pero eficaz. Y lo hizo en un país como el nuestro, todavía atado a los estragos del colonialismo, con carencias económicas y una educación que no llegaba a toda la población.
La confirmación de aquella intuición de los investigadores norteamericanos llegaría recién en 1971, con el primer estudio empírico sistemático sobre la entonación en la lectura de niños de siete años, realizado por Marie Clay y Robert Imlach en Nueva Zelanda y difundido desde una revista norteamericana. Sus autores hallaron que los mejores lectores procesaban claves de sentido a nivel de frase y de oración, mientras que los lectores débiles quedaban atrapados en la palabra y en el fragmento de palabra.
Este descubrimiento era exactamente lo que el 𝗠𝗲́𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗗𝗼𝗹𝗼𝗿𝗶𝗲𝗿 ya suponía: quien entona, procesa unidades de sentido; quien no entona, se queda en la palabra suelta. Y Ricardo Dolorier lo había formulado en medio de la adversidad —o quizás a causa de ella—: con una familia que mantener y con un país quebrado, en condiciones que habrían desalentado a los espíritus más débiles.
La explicación teórica del hallazgo (tanto de Dolorier como de los investigadores extranjeros) tardaría casi una década más en 1980 cuando Peter Schreiber publica en el Journal of Reading Behavior su trabajo «Sobre la adquisición de la fluidez lectora», donde sostiene que la entonación le da al texto escrito las claves de sentido que la puntuación no alcanza a marcar. Ese planteamiento abrió el camino que consagraría a la fluidez como uno de los pilares de la comprensión lectora.
Sin embargo, mientras los investigadores norteamericanos apenas construían sus bases teóricas, Ricardo Dolorier ya había capacitado en el Perú a cientos de docentes con fundamentos que en el país del norte recién comenzaban a formularse y descubrirse.
Ese desfase es el que da sentido a esta semblanza. No se pretende con ella restar mérito a las investigaciones realizadas en el extranjero ni a sus investigadores porque la ciencia se construye en colaboración; por el contrario, se busca plantearnos las siguientes preguntas: ¿hasta dónde más pudo haber llegado Ricardo Dolorier y su intelecto de haber contado con el apoyo del Estado? ¿Hasta dónde pudimos haber llegado como país si hubiéramos invertido en personas como Don Ricardo Dolorier? ¿Qué más nos hace falta para darnos cuenta de que sin investigación no hay país viable?
Son preguntas a las que quizás nunca tendremos respuesta. Sin embargo, algo queda claro: como país y como huantinos tenemos a las personas, tenemos el potencial y, sobre todo, tenemos el temple y el coraje para emprender proyectos a la altura de las grandes potencias. Ricardo Dolorier ya lo demostró. Ahora nos toca tomarle la posta; ahora solo queda escucharlo y aprender del maestro.
Referencias bibliográficas
Clay, M. M., & Imlach, R. H. (1971). Juncture, pitch, and stress as reading behavior variables. Journal of Verbal Learning and Verbal Behavior, 10(2), 133–139. https://doi.org/10.1016/S0022-5371(71)80004-X
Goodman, K. S. (1964). The linguistics of reading. The Elementary School Journal, 64(7), 355–361. https://doi.org/10.1086/460148
Schreiber, P. A. (1980). On the acquisition of reading fluency. Journal of Reading Behavior, 12(3), 177–186. https://doi.org/10.1080/10862968009547369









